Mensaje Pastoral

“Una Iglesia atractiva y entusiasta”, Hechos 2:42-47

INTRODUCCIÓN

  1. Rev. Rinaldo HernándezA muchos de nosotros nos gusta mirar viejas fotos. Nos gusta recordar el pasado, entre otras cosas, porque nos ayuda a meditar en quiénes fuimos y en quiénes somos, o quizá porque nos hace sentir nostálgicos de lo que ya no somos.
  2. A muchos hijos les gusta escarbar en las fotos antiguas de sus padres, para ver cuán parecidos son a ellos, y si es cierto que se parecen más a su papá o su mamá, o tal vez para comprobar si es cierto lo que les dicen, que ellos se parecen a tal o cual abuelo o tío.
  3. Recuerdo también aquellos tiempos en que las mujeres (y los hombres también) se mandaban a confeccionar sus ropas, siguiendo los “modelitos” que encontraban en alguna revista de modas. Iban a su costurera, o a su sastre, para pedirles que le hicieran un vestido, una blusa, una saya, una camisa, o en pantalón “igualito” al que venía en la foto de la revista en blanco y negro, lucido por una elegante modelo.
  4. Pues bien, la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que se proponga firmemente ser una Iglesia efectiva en el cumplimiento de su ministerio, la Iglesia que seriamente se proponga ser poderosa en el Espíritu Santo para ministrar a la humanidad la salvación y la sanidad que Jesucristo ofrece, debe ser una Iglesia que mire las viejas fotos del pasado, para ver cómo era la Iglesia y así poder establecer una comparación entre lo que era y lo que es la Iglesia en la actualidad.
  5. La Iglesia que responsablemente quiera ser Iglesia en este tiempo, tiene que compararse con la Iglesia del siglo I, la Iglesia que surgió posteriormente a la resurrección y ascensión de su Señor y a partir de la experiencia de Pentecostés.
  6. La Iglesia que pretenda en este tiempo ser una Iglesia victoriosa, una Iglesia en avivamiento, a la que el Señor pueda añadir cada día los que han de ser salvos, debe ser levantada siguiendo un modelo o patrón. Y el modelo o patrón de lo que ha de ser la Iglesia, se encuentra reflejado para nosotros en el libro de los Hechos de los Apóstoles, y específicamente, en el texto que hemos leído en esta noche.
  7. Y al mirar a esta vieja foto, no solamente encontraremos en qué nos parecemos a aquella Iglesia, sino que también descubriremos lo que ya no somos, lo que se ha perdido, lo que ha desaparecido, lo que ya no está presente en la acción y en el ministerio de una Iglesia que pretenda seguir diciendo que es cristiana, apostólica y avivada.
  8. Específicamente para nosotros, que pretendemos ser una nueva Iglesia, nos sería de particular utilidad que descubriéramos en la Biblia la Iglesia como Jesucristo quiso que fuera, la Iglesia que Dios quiso levantar para transformar al mundo y para llevar a las almas al arrepentimiento y la conversión por la fe que es en Cristo Jesús, una Iglesia saludable y amorosa, que atraiga a las personas a Cristo.

LA IGLESIA DEL LIBRO DE LOS HECHOS

  1. Era una Iglesia que perseveraba en la doctrina de los apóstoles. Era una Iglesia que tenía una base doctrinal estable, sólida, en ninguna manera contaminada con las “modas” doctrinales de su época. En el siglo I varias herejías intentaron abrirse paso en el seno de la naciente Iglesia. Una Iglesia bendecida por el Señor, siempre será una Iglesia donde Satanás trata de introducir ideas, modalidades, interpretaciones bíblicas que no están de acuerdo con la sana doctrina, tal y como nos fue proclamada por Cristo y continuada por los apóstoles. Entre las herejías del siglo I tenemos: el gnosticismo (conocer a Dios por medio del conocimiento), los que enseñaban que Cristo no era “realmente” el Hijo de Dios divino, y los que enseñaban que Cristo no era absolutamente humano, sino “total y completamente” Dios. Pero ninguna de estas enseñanzas distorsionadas de la verdad pudo destruir a la Iglesia, en primer lugar, porque el Señor de la Iglesia no lo permitió, pero además, porque los apóstoles desarrollaron un sistema de enseñanza doctrinal que impedía cualquier corrupción de los principios del Evangelio. La frase que en nuestras Biblias se traduce como “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”, quiere decir, literalmente, que los nuevos discípulos procuraban que los apóstoles los instruyeran en el evangelio de Cristo, como Jesús había ordenado que se hiciera después de su partida. Muy probablemente, esta enseñanza se impartía en los servicios de adoración pública que comenzaron a desarrollarse desde muy temprano en el siglo I, como una consecuencia de la experiencia de Pentecostés.
  2. Era una Iglesia que perseveraba en la comunión unos con otros. La palabra “comunión” intenta trasmitirnos el tremendo entusiasmo que los primeros cristianos mostraban en su adoración colectiva y en su convivencia como pueblo de Dios. La Iglesia del Siglo I era una Iglesia de gente que estaba entusiasmada con su fe, y ese entusiasmo se traducía en una pasión por estar juntos y por ayudarse mutuamente.
  3. Era una Iglesia que perseveraba en el partimiento del pan. Una de las atracciones de la Iglesia del Siglo I era la celebración de la Cena del Señor. En la liturgia de la Iglesia Cristiana, esta celebración siempre era acompañada por la enseñanza del Evangelio y las oraciones. La Iglesia Primitiva era una Iglesia sana y atractiva porque era una Iglesia que se aprovechaba de la Santa Cena para que la gente se reconciliara con Dios, y los unos con los otros, y como consecuencia, había sanidad en las relaciones y en las personas.
  4. Era una Iglesia que perseveraba en las oraciones. Era una Iglesia de oración. Ninguna Iglesia jamás ha podido ser una Iglesia saludable y atractiva, si no es una Iglesia donde la gente ora. Uno de los elementos que hacían de esta Iglesia, una Iglesia atrayente era que en ella se vivía una profunda vida de oración, tanto personal como comunitaria.
  5. Era una Iglesia donde muchas señales y maravillas eran hechas. Era una Iglesia donde se producían milagros, donde se ejercía la autoridad que Jesucristo le había dado a sus discípulos para que sanaran a los enfermos y echaran fuera a los demonios. Los apóstoles ejercían este poder tanto en respuesta a la fe de la gente, como para aumentar la fe del pueblo de Dios. Como resultado de esta bendición sobrenatural, muchas personas estaban concientes de la poderosa presencia de Dios con ellos, y muchos se convirtieron y vinieron a ser parte de la Iglesia.
  6. Era una Iglesia donde todos los que habían creído tenían todas las cosas en común. Cuando el pueblo hebreo viajó por el desierto durante 40 años, Dios les proveyó día tras día de lo que necesitaban para sobrevivir. No había ni pobres ni ricos: todos estaban al mismo nivel. Cuando llegaron a la Tierra Prometida, cada uno recibió su recompensa. Con el correr del tiempo unos se hicieron muy ricos, mientras que otros siguieron siendo pobres. Después de Pentecostés, el entusiasmo y la pasión cristiana de los nuevos convertidos en Jerusalén los llevó a un sistema de vida en que tenían todas las cosas en común. Empezaron a vender propiedades y a repartir a todos los que tenían necesidad. Fue una actitud completamente voluntaria de los dueños, de poner sus posesiones al servicio de todos los creyentes que tuvieran necesidades económicas. Los cristianos del siglo I quisieron erradicar la pobreza de en medio de ellos, y lo lograron de tal manera, que en un momento dado, el autor del Libro de los Hechos declara que “no había entre ellos ningún necesitado”.
  7. Era una Iglesia que perseveraba unánime cada día en el Templo. Los cristianos del siglo I iban al Templo de Jerusalén, y allí (probablemente en el lugar llamado el pórtico de Salomón) alababan a Dios, oraban y recibían la enseñanza de la Palabra. Y esto lo hacían todos los días, demostrando así su sed de aprender y de estar junto con sus hermanos.
  8. Era una Iglesia donde se partía el pan en las casas. También se reunían diariamente para comer juntos, y así reafirmar su armonía y su unidad cristiana. Esta práctica llevó a la costumbre de celebrar lo que posteriormente Pablo llamó “el ágape” o la comida de amor, que era una comida en común, servida por los cristianos primitivos, con el único propósito de fomentar el amor fraternal.
  9. Era una Iglesia donde todos comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Lucas enfatiza la unidad, la armonía, el gozo y la sinceridad de los cristianos. No podemos pasar por alto que estos elementos son componentes esenciales del fruto del Espíritu con que ellos habían sido llenados el Día de Pentecostés.
  10. Era una Iglesia donde todos alababan a Dios. Era una Iglesia que vivía para alabar a Dios y para agradecerle su misericordia. Era una Iglesia alegre.
  11. Era una Iglesia que tenía favor con todo el pueblo. El pueblo observaba la conducta cristiana de los nuevos convertidos, veían cómo los cristianos se trataban entre sí, con qué gozo vivían, con que pasión se apoyaban mutuamente, con qué dedicación iban todos los días al Templo, con qué fervor alababan a Dios, con cuánta firmeza testificaban de los milagros y de las maravillas que Dios había hecho en sus vidas, que muchas personas se sentían atraídas a Cristo. Era una Iglesia que atraía a la gente, porque ofrecía algo muy diferente de lo que la religión, o la filosofía del mundo tenía para ofrecer.
  12. Era una Iglesia a la que el Señor añadía cada día los que habían de ser salvos. Era una Iglesia donde el milagro de la salvación ocurría diariamente.

Que el Señor permita que tú y yo podamos responder en obediencia al mensaje del Señor, y entender que, en medio de los tiempos que vivimos, Dios nos ha llamado en Jesucristo a ser una Iglesia como la del Libro de los Hechos, una Iglesia tan atractiva que las personas esperen ansiosamente que llegue el día de culto para volver a visitarla, y una Iglesia tan entusiasta que genere un movimiento transformador que permee a toda nuestra sociedad.